HACE 8 AÑOS

Hace 8 años sucedió una de las peores tragedias de nuestro estado.
Dos estudiantes de Ayotzinapa y un trabajador de una gasolinera perdieron la vida frente al Parador del Marqués, en Chilpancingo.

Éste último ofrendó su vida en aras de evitar una tragedia mayor.
Hasta ahora nadie está satisfecho con los resultados de la investigación. La sensación de impunidad ofende y daña a todos.

Por mi parte, reitero lo que siempre he dicho: nunca ordené un operativo mediante el uso de armas de fuego, lo cual sí ocurrió y estuvo fuera de protocolo.
Sólo una mente enferma y perversa podría instruir una acción de disparar a los normalistas, como desgraciadamente ocurrió.


¿Quién lo hizo? Aún no lo sabemos. Mentes malévolas serían capaces de eso y más.
Ya desde entonces se pretendía echar abajo al gobierno que yo presidía.
A unos meses de haber asumido el gobierno, no tenía sentido que el titular del Ejecutivo estatal promoviera un acto tan deleznable, cuando las cosas marchaban razonablemente bien.


Por último: ¿Quién llevó a esos jóvenes como carne de cañón para desestabilizar al estado?
Ojalá un día lo podamos saber.
Por mi parte estoy en paz, porque nunca ordené una acción que va en contra de mis principios.
Ojalá la historia nos coloque a cada quien en el lugar que nos corresponde.

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